Son muchos los motivos por los que un ordenador puede ir lento. Algunos de los más comunes son que los recursos del sistema estén agotados, que el disco duro esté lleno, que se tengan que iniciar muchos programas al arrancar, que haya virus o malware infectando al ordenador, que los drivers no estén actualizados, que el ordenador tenga problemas de ventilación, que sus componentes sean muy antiguos o que el disco duro esté fragmentado.
